La Mente en Blanco en la Terapia

El primer requisito para lograr una escucha terapéutica es tener la mente en blanco. Esto, además de ayudar a verdaderamente escuchar, hace que el cliente nos vea así: en blanco. Dentro de lo posible hay que lograr ser una carta blanca, un comodín (joker o wild), que pueda servir en reemplazo de cualquier otra.

El cliente usa al terapeuta como lienzo y un lienzo blanco es mejor para pintar.En otro artículo hablo sobre la escucha del psicólogo, así que no me extenderé mucho aquí para no repetir la información. El psicólogo al inicio de la terapia debe de tener una mente en blanco para ir llenándola con los pensamientos e ideas del cliente, debe de ser una especie de copia de respaldo si se me permite la analogía con la computación. El psicólogo hace una “imagen” del disco duro mental de su cliente, siguiendo el mismo formato que éste tenga. Es decir, poniendo como ejemplo algo siempre importante, la religión, si el cliente es católico, la imagen de su mente en la mente del psicólogo también lo será y por lo tanto el psicólogo en la terapia compartirá las mismas creencias que su cliente, ocurre igual si es musulmán, judío, budista o no creyente.

Pareciera que simplemente “se le da por su lado” al cliente… y sí, pero no de una manera irrespetuosa. Tiene que ser así. Si se quiere ganar al futbol, tenemos que usar sus reglas, no podemos usar las reglas del beisbol en el futbol sólo porque nos parezca que las reglas del beisbol son más precisas.

La mente en blanco del terapeuta se irá pintando con los colores y las formas de la mente del cliente conforme se avance en la terapia. Ya que se tiene suficiente información entonces podemos ver lo que está fallando y arreglarlo aplicando el “manual de uso” que el mismo cliente nos ha dictado sin saber.

Hay un cuento de Anthony de Mello que ilustra esto, lo contaré de memoria, no tengo aquí el libro:

Se acercó un señor con el Maestro para pedirle consejo, le dijo que él jugaba a las cartas y que regularmente hacía trampa y que la última vez lo descubrieron y lo arrojaron por la ventana del lugar. El Maestro tras una breve reflexión le aconsejó “trata de jugar siempre en un primer piso”.

Los discípulos se horrorizaron al escuchar ese consejo de su Maestro y le preguntaron “Maestro, ¿por qué no has aconsejado a ese hombre que deje de hacer trampa, o mejor aún, que deje el vicio del juego?”, el Maestro respondió “Porque no lo va a hacer, no viene aquí preguntando cómo dejar el juego o cómo no ser descubierto haciendo trampa, así el consejo que le di es lo mejor para él.”

El psicólogo terapeuta tiene que aplicar las reglas que el mismo cliente usa en su vida, no puede pedir que use otras, es simplemente inútil. La astucia del psicólogo es encontrar las reglas que sirvan para el propósito de la terapia y usarlas tal cual o bien “estirándolas y doblándolas” como haría un abogado con la ley para beneficiar a su cliente. Se usa la Constitución del cliente, a su favor.

El otro propósito de la mente en blanco del terapeuta es, como mencioné al principio, ser precisamente un lienzo vacío donde el cliente pintará lo que quiera.

El terapeuta debe de ser un desconocido para el cliente. Es preferible que sepa lo menos de él, porque así podrá verlo como cualquier persona y podrá transferirle sus sentimientos y convertirlo en quien él necesite que sea.

La fantasía del cliente pinta el lienzo blanco que es terapeuta, y por supuesto, lo hará de una manera única. Esta pintura que hace el cliente del terapeuta es también analizable y le sirve al psicólogo como una herramienta más para alcanzar el éxito en la terapia.

Si el lienzo tiene ya una forma pintada en él, entonces el cliente tendrá que acomodar su pintura para integrar esa forma, ya no será una pintura salida totalmente de su fantasía, no será algo totalmente original, esa forma en el lienzo que él no puso estorbará al trabajo final.

En la práctica, para hacerme entender mejor, si el cliente sabe que el terapeuta es soltero, entonces lo verá así, si sabe que es casado, lo verá casado, pero si no supiera su estado civil entonces podría verlo como su fantasía le indique, casado o soltero. Esta imagen que se hace del terapeuta es una repetición de la imagen de alguna persona importante para él… o una mezcla de personas. Pero para poder ser “cualquier persona” importante para el cliente el psicólogo debe de estar en blanco, debe de ser, como dije al principio, un comodín o joker como en las cartas.

Por supuesto que no se logra ser una imagen blanca y pura, siempre el cliente sabrá algo del terapeuta que tendrá que acomodar en su fantasía, pero entre menos “manchado” le presentemos el lienzo, mejor será para la terapia.

Es por eso que el psicólogo terapeuta no debe de hablar de sí mismo. Parece injusto, ¿no?, una persona dice todo sobre sí misma a otra de quien nada sabe… pero en terapia esa persona desconocida no existe como tal y pronto se reconocerá como alguien conocido.

“Sabré lo que me enseñes, luego te enseñaré lo que aprendí. Así aprenderás de ti mismo”, esto es lo que hago en terapia.

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