Se vive en silencio

René Descartes, matemático y filósofo francés dijo “Je pense, donc je suis”, lo que quiere decir que puede asegurarse que uno ES porque es capaz de realizar un proceso mental, traducido literalmente sería “Pienso, luego existo”.

Los gusanos probablemente también piensen, por lo tanto también existen, pero de igual manera existen las piedras y seguramente no piensan. No todo lo que existe piensa, pero todo lo que piensa existe.

A esta frase de Descartes “Pienso, luego existo”, yo quiero agregar lo siguiente “Estoy en silencio, luego disfruto”.

Guarda silencio... y observa, simplemente observa y estarás disfrutando.Podríamos pensar que los momentos más alegres de la vida se pasan con mucho ruido: bailando al ritmo de la música, gritando “¡goooooool!”, o escuchando gritos de placer sexual… propios o de nuestra pareja; sin embargo, como dije al inicio de esta párrafo, estos son momentos de alegría y la alegría es ruidosa.

Pero el disfrutar, el disfrutar de verdad de lo que la vida nos da, se hace en silencio.

Observar una puesta de sol, se hace en silencio, paladear un exquisito platillo se hace en silencio, mirar lo ojos de nuestra amada o abrazar a nuestros hijos, se hace en silencio.

Aprender es una de las actividades que más satisfacción brinda a cualquiera, descubrir algo nuevo, expandir nuestra mente, darnos cuenta de que algo no es como pensábamos y comprenderlo… ¡eso es disfrutar la vida! Y se hace en silencio.

Me ha pasado que estoy pensando sobre un asunto para comprenderlo, a veces me pongo a explicarlo en voz alta, ya sea a alguien o a mí mismo para escuchar las palabras habladas ya que toman firmeza cuando salen de la mente, y entonces sucede: interrumpo lo que estoy diciendo, me quedo en silencio y segundos después digo “ya lo entendí”. Es en esos segundos cuando disfruto del momento presente, porque nada más importa.

Se habla para enseñar y se guarda silencio para aprender.

Degustar un buen vino o saborear un buen puro se hace también en silencio, son actividades en las que no necesariamente estamos alegres, pero sí que las disfrutamos porque nos hacen vivir el presente.

Cuando observamos una bella obra de arte, de las que están formadas con piedra, pintura o piel, nos olvidamos del ayer y del mañana y estamos sólo en el presente; no nos dura mucho esta abstracción porque el ser humano tiende mucho a distraerse e inmediatamente rompemos el silencio y con él el disfrute del momento.

Pienso, luego existo, porque pienso sé que existo. Estoy en silencio, luego disfruto, sin embargo, en el momento en que me doy cuenta de que estoy en silencio es porque ya no lo estoy y dejo de disfrutar, paso de observar a sólo ver.

Y como lo que de aquí para allá es subida, de allá para acá es bajada, podemos traer hacia el presente un momento de disfrute si procuramos el silencio, simplemente eliminando el ruido, externo e interno y escuchar y observar.

Contaba Anthony de Melo, Sacerdote Jesuita, que se acercó el párroco hacia un feligrés que estaba en silencio orando, y le dijo:

- ¿Qué le dices a Dios, hijo mío?

- Nada, yo sólo lo escucho.

- Ah… y ¿qué te dice Él?

- Nada, él también sólo escucha.

En silencio, ambos, simplemente disfrutando el momento.

Para la alegría hace falta la música, el barullo, el canto y los gritos, pero para disfrutar hace falta el silencio.

Estar alegre implica también disfrutar, pero también requiere de más elementos, que individualmente no son indispensables pero sí que varios de ellos se presenten, éstos serían, por poner sólo algunos ejemplos: otras personas, un tema interesante o divertido, música, la unión grupal por un sentimiento en común, como el que hayamos alcanzado una meta, etc. Por eso las personas hacen fiestas, para lograr estar alegres en conjunto. Aquel que está alegre solo se le tacha de loco… y quizá lo sea… y no digo que sea malo tampoco.

En cambio, para disfrutar, basta únicamente que estemos en silencio, presentes en el momento actual.

Cualquier momento es bueno, cualquier lugar también lo es, simplemente estemos en silencio, observándonos a nosotros mismos y a nuestro alrededor. Mientras no nos distraigamos estaremos disfrutando.

Por eso “Silencio Hermanos, que estamos en Logia”, disfrutemos del momento, vivamos el presente.

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