¿Por qué debemos jurar guardar silencio de todo lo aquí ocurrido?

La masonería, antiguamente era una sociedad secreta, así debía de ser principalmente porque quienes estaban en el poder no querían que gente pensante se reuniera en secreto.

Los masones fueron perseguidos y fusilados en España por el Generalísimo Franco y en la Alemania Nazi por el Führer Hittler por mencionar sólo dos ejemplos, pero cualquier “Torquemada” moderno querrá destruir a la fraternidad por el simple hecho de ser hombres libres.

Proverbios, capítulo 2, versículo 10: “Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará”Hoy, en la mayoría de los países la masonería ya no es perseguida, por lo tanto, tampoco se requiere que sea secreta, se ha convertido en discreta, y con el surgimiento de las redes sociales, está empezando a ser descarada, lo cual no es necesariamente algo malo.

Pero además de la antigua amenaza de muerte, hay un segundo y tercer motivo que nos obligan a jurar guardar secreto de todo lo aquí ocurrido, este segundo motivo es el respeto a la privacidad de los Hermanos.

Todos los masones queremos ser reconocidos como tales por nuestros hermanos, pero no necesariamente a todos los masones les parece buena idea que sean reconocidos como tales por los profanos.

Yo mismo cuando visité un posible cliente para un trabajo profano guardé bajo mi camisa mi dije de la escuadra y el compás y me quité mi anillo masónico, sabía que a quien haría mi presentación de venta era sumamente católico, no quería que un posible mal entendido sobre la masonería influenciara en su decisión de darme el proyecto.

Vi esa posibilidad por algo que ocurrió en mi vida mucho antes de ser iniciado masón.

Colaboré como voluntario poco más de un año brindando atención psicológica en un Hogar de Niños administrado por monjas. Me habían dicho que tenían un par de meses buscando un psicólogo que trabajara pro-bono, es decir, gratis y no encontraban a nadie.

Cuando yo me acerqué, la entrevista con la Madre fue muy buena, ella sonreía aliviada de por fin contar con las terapias para los niños que además eran un requisito que el DIF (Desarrollo Integral de la Familia, institución gubernamental) les exigía para operar. Al final de la entrevista esa sonrisa se borró inmediatamente y siguió solo un “gracias, nosotros le llamaremos” cuando a la pregunta de “¿Es usted católico, verdad?” respondí con un amable “No”.

Sólo para concluir esta historia les diré qué ocurrió: a los dos meses llamé de nuevo y pregunté si me habían rechazado por no ser católico, me explicaron que era requisito para su institución que lo fuera, entonces les expliqué que el que yo no fuera católico no significaba que no respetaría sus creencias, que en terapia no se meten mis valores, que yo trabajo con los valores de los pacientes y bueno, como en casi 5 meses de búsqueda ningún psicólogo católico quiso regalar 4 horas por semana de su valioso tiempo, me aceptaron.

Si me ha ocurrido a mí, le puede ocurrir a cualquiera.

Una profesora que tuve en psicología se metió en problemas porque en la clase de Psicometría nos puso a analizar entre nosotros nuestros propios dibujos de las pruebas proyectivas. Fue una falta grave a la privacidad.

Nadie, repito NADIE tiene derecho a meterse en nuestra vida privada y menos a hacerla pública compartiéndola, por eso cuando aquí desnudamos nuestra mente y mostramos nuestro corazón es sumamente importante que comprendamos que lo hacemos porque estamos entre hermanos y que como caballeros de la escuadra y el compás honraremos el juramento de guardar silencio de todo lo aquí ocurrido.

Ya bastante tenemos con los profanos de mandil.

Entonces, juramos guardar silencio primero por seguridad y segundo por respeto, ¿y el tercer motivo?

Desde mi punto de vista, el tercer motivo por el que juramos guardar silencio es el más simple: porque hablar es inútil.

Todos los Grandes Maestros, como Sócrates, Jesús, Buda y muchos otros no dejaron nada escrito, lo que hay de ellos fue escrito por sus seguidores.

De nada sirve hablar en el mundo profano de lo aquí ocurrido, podemos creer que a quien se lo contamos lo comprenderá igual que nosotros, pero les aseguro que no es así.

La masonería, como hemos escuchado, es vivencial. Podemos leer el ritual de la iniciación, podemos incluso ver una en un video y jamás será lo mismo a vivirla.

Podemos saber que la Piedra Bruta está junto a la Columna B y la Piedra Pulida junto a la J, pero jamás será lo mismo simplemente saberlo a pararse junto a ellas y verlas durante nuestro trabajo, recordándonos nuestro compromiso de mejorarnos a nosotros mismos.

Salir al mundo profano y hablar de lo aquí ocurrido es un ejercicio inútil, es como sembrar en tierra seca. Quizá algún día caiga agua y entonces germine, ¿pero no es mejor acaso preparar la tierra? Los que estamos en el Templo venimos preparados, eso es la iniciación.

Podemos leer un trabajo, burilado o trazado de los archivos, pero obtendremos más Luz si lo escuchamos en voz de su autor y si vivimos los comentarios y aportaciones de los demás hermanos.

El conocimiento y la Luz son cosas distintas, el conocimiento lo aprendemos en la escuela y con él podemos ganarnos la vida, la Luz, nos enseña a disfrutarla.

Por ejemplo, podemos aprender en cualquier parte que la tolerancia es un valor, es más, cualquier persona puede decir “la tolerancia es buena”, pero algo diferente sucede cuando un Hermano te señala el piso ajedrezado y te dice “¿ves cómo es blanco y negro? Y nos sostiene por igual, como es abajo es arriba, el suelo es diferente y está unido, nosotros somos diferentes y estamos unidos, el piso unido nos sostiene, ¿qué es lo que sostenemos unidos los masones?” Estas palabras no significan lo mismo cuando se leen a cuando un Hermano nos las dice.

Toda la luz que recibimos nos la llevamos en nosotros al salir del Templo, ¿notaron que dije “EN nosotros” y no “con” nosotros? Eso es porque el conocimiento lo tenemos, pero la Luz es lo que somos, el conocimiento nos hace actuar diferente, pero la Luz nos hace SER diferentes.

La Luz que portamos no puede compartirse fuera del Templo, NO PUEDE, al momento de abrir la boca y decir lo aquí ocurrido deja de ser Luz y se convierte en chisme o a lo mucho en una plática interesante.

Juramos guardar silencio de todo lo aquí ocurrido primero por nuestra seguridad, luego por respeto a nuestros hermanos y finalmente porque para el profano sería inútil escucharnos. No es lo mismo vivirlo a que te lo cuenten, y menos cuando esa experiencia es transformadora.

Como masones es nuestro deber compartir la Luz, cierto, pero si juramos guardar silencio de todo lo aquí ocurrido ¿cómo podemos lograrlo? No podemos iniciar a todo el mundo profano por la simple razón de que a muchos no les interesa, y tampoco podemos hablar de lo que ocurre porque no lo entenderían.

¿Cómo llevar la Luz fuera del Templo sin romper nuestro juramento?

El conocimiento se trasmite de una persona a otra por medio de la letra escrita, la Luz no puede trasmitirse, nadie puede darte su Luz porque no es algo se otorgue, es algo que se descubre, un buen Maestro te pondrá en el camino de descubrimiento, pero de ti depende.

La Luz no sale del Templo, jamás, a diferencia del conocimiento que puede llevarse en un libro, la Luz necesita de un medio vivo que la contenga. Cuando un masón obtiene la Luz, él mismo se convierte en un Templo y genera su propia Luz.

Dicho en otras palabras, sólo hay una manera de compartir lo que aquí ha ocurrido, es decir, de llevar la Luz fuera del Templo, sin romper nuestro juramento, y esa es... con nuestro buen ejemplo.

¿Qué ocurre dentro del Templo? Ocurre lo que me hace un Hombre Libre y de Buenas Costumbres.

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