Murmurando en Logia

Sa’di de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:

Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba yo velando con mi padre, mientras sostenía el Corán en mis rodillas.

Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedar profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre: “Ni uno solo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diría uno que están todos muertos”.

Y mi padre me replicó: “Mi querido hijo, preferiría que también tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar”. *"El Canto del Pájaro" - Anthony de Mello, s.j.

Recuerdo muy seguido este cuento y por él me detengo cuando me sorprendo a mí mismo murmurando.

La posición de un masón al estar sentado dentro del Templo debe de ser la de los faraones egipcios.Cuando veo a algunos hermanos dormidos como si a eso vinieran al Templo, como si lo que ocurre aquí no fuera interesante o como si no les importara el esfuerzo del querido hermano que presenta un trabajo, me digo “mejor dormir que murmurar”.

Cuando veo que otros se sientan muy cómodos estirando las piernas por completo rompiendo así el flujo de energía y el paso de los hermanos que son conducidos por el Maestro de Ceremonias, me dan ganas de ofrecerles una limonada con ron para que terminen de estar a gusto, pero entonces recuerdo: “mejor dormir que murmurar”.

Inclusive, algo que podría considerarse “normal” como tener las piernas o los brazos cruzados dentro de logia en realidad no lo es, nuestra mente y cuerpo buscan estar de acuerdo y si nuestro cuerpo “se cierra” la mente lo sigue y se cierra también; y no es sólo eso, sino que nuestras piernas son las columnas J y B de nuestro Templo que es el cuerpo, cruzarlas hace que la energía haga un “corto circuito”, dejamos de reflejar el Templo en nosotros y nos convertimos en extraños, en profanos dentro del Templo. Un masón se sienta como los faraones egipcios, todos hemos visto las pinturas y esculturas, ¡pero! Nuevamente: “mejor dormir que murmurar”.

¡Y qué decir del telefonito! Entramos al Taller a trabajar, a escuchar y dejar que las ideas y pensamientos nos transformen, pero en lugar de eso algunos hermanos están atendiendo el celular, y bueno, sé que para todos hay asuntos de suma importancia que atender que no pueden esperar, en lo personal si recibo un mensaje de mi casa debo atenderlo por si se tratara de una emergencia y mi familia lo sabe. Sin embargo la mayoría de los hermanos están simplemente perdiendo el tiempo en tonterías que pueden esperar y con todo y eso recuerdo: “mejor dormir que murmurar”.

Observo también como algunos hermanos que llegan tarde entran al Templo sin ejecutar la marcha y caminan hacia su lugar en logia con el codo recargado en sus costillas, como si de verdad les pesara tanto el brazo y no pudieran sostenerlo en alto para hacer correctamente la escuadra, y luego llegan a su silla y simplemente dejan caer su brazo en lugar de completar el signo arrancándose la lengua de raíz simbólicamente, quitándole así la solemnidad al acto de estar presente en el Taller… y nuevamente me digo a mi mismo: “mejor dormir que murmurar”.

Los trabajos nos aportan luz, ¡pero los comentarios de los hermanos acerca de ellos también! Ya sea que contribuyan con información adicional, que rebatan o que pregunten para aclarar un punto, toda colaboración es importante porque nos permite darnos cuenta de otros puntos de vista, de otra manera de interpretar la realidad y de otra manera de comprender el mundo. Sin embargo se sede la palabra y a veces nadie participa y siento lástima por la oportunidad desperdiciada y molestia por quienes la dejaron pasar… pero inmediatamente interrumpo ese pensamiento y lo reemplazo con “mejor dormir que murmurar”.

Al finalizar nuestra tenida, veo como queda el Templo lleno de basura, con los botes de agua que llevamos y me pregunto “¿de verdad es tan difícil cargar su bote vacío y ponerlo en el bote de basura que está afuera?” pero entonces recuerdo el cuento y me digo: “mejor dormir que murmurar”.

Hay tantas cosas que me distraen de mi trabajo en el Taller, tantas que me avergüenzo por eso, porque murmuro en lugar de Trabajar, porque más me valdría dormir que murmurar y por todo eso me disculpo sinceramente, es parte de las asperezas de mi piedra que necesito devastar.

Cuando uno quiere aprender, se aprende sin importar las circunstancias, sólo necesitamos no perder de vista nuestro objetivo: venimos a devastar nuestra piedra bruta, y si es así, cualquier cosa y cualquier persona nos servirá de herramienta.

La herramienta es útil por la mano que la utiliza y no por sí misma.

Yo me concentraré en mi trabajo, procuraré hacerme diestro con las herramientas que se me han otorgado y con gusto compartiré lo que aprenda a quien quiera escuchar.

Me mantendré despierto y dejaré de murmurar, porque atento a lo que ocurre es como he cambiado, escuchando a mis Hermanos he visto lo que antes ignoraba y participando disfruto el estar aquí.

Los invito a todos mis hermanos, los que duermen y los que murmuran, a venir y estar atentos, a mantener el Orden, la Compostura y la Solemnidad que esta Ceremonia MERECE.

Entrar a la masonería es para muchos de nosotros lo mejor que nos ha pasado, y como siempre se ha dicho, la parte difícil es que la masonería entre en uno; les aseguro, mis Hermanos, que si no le damos importancia a lo que hacemos dentro del Templo, el espíritu de masonería no nos dará importancia a nosotros. Cada quien se lo pierde, y si es así, es un gran desperdicio.

Por eso: si ya están aquí, ESTEN PRESENTES, si ya están oyendo, ESCUCHEN, si ya están pensando, HABLEN; y lo más importante: si son Aprendices, APRENDAN, si son Compañeros, APRENDAN, y si somos Maestros, APRENDAMOS.

Es cuanto.

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