Las Mentiras de los Padres

“¡No digas mentiras!”

“No se debe mentir”, “mentir es malo”, “si mientes te va a castigar Diosito”

... siempre dicen los padres frases por el estilo a sus hijos.

Hay un dicho que dice (válgame la redundancia): “Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”.

Los dichos y refranes populares tienen mucha sabiduría y casi siempre – por no generalizar al decir siempre – tienen toda la razón.

La mentira se aprende y la primera escuela es la casa.Entonces, los niños siempre dicen la verdad, y ¿a qué niños se refiere?, obviamente a niños pequeños, a niños que aún no han aprendido el arte de mentir.

Estoy seguro que casi todos tenemos alguna anécdota sobre alguna situación embarazosa que uno de estos niños nos haya hecho pasar.

Hoy me contaron una:

Una familia que conozco trabaja en la ciudad gringa de Houston. No tienen los documentos para estar ahí pero hasta el momento no han tenido problemas, la han sabido hacer.

A veces vienen de visita a Santa Catarina con sus familiares; el regreso, como han de saber muchos de los lectores, es una aventura. Se tiene que burlar a la autoridad de la aduana, se le tiene que engañar con que uno nada más va “unos cuantos días de compras o de vacaciones”. Para eso debemos conseguir comprobantes de domicilio, de pago y no sé cuántas cosas más.

Para no hacerla muy larga, esta familia regresaba a Houston junto con otro matrimonio; la camioneta en la que viajaban es gringa y el matrimonio que los acompañaba es el que tenía el permiso para pasarla, además los niños están registrados como ciudadanos americanos, así que iban a pasar en la camioneta con una carta poder que firmaban sus “padres americanos” para este matrimonio; mientras tanto, sus padres iban a pasar a pie como turistas. Se suponía que estos dos grupos no tenía nada que ver.

En fin, la camioneta pasó sin ningún problema y los padres a pie también, pero justo al avanzar no más de 2 metros de la caseta de la aduana, la niña ve a su madre por la ventana, la abre, se asoma grita: ¡Adiós mami!, ¡Hey, adiós!, ¡Mamá!, ¡Adióooooos!

No ocurrió nada, pasaron sin problemas, pero tuvieron que cambiarse los calzones en cuanto pudieron.

Quisiera que el lector regresara unas líneas y observase que he escrito “niños que aún no han aprendido el arte de mentir”.

Ahora bien, al decir aprendido no me refiero a que les han enseñado, me refiero a que los niños solitos han aprendido a mentir, y ¿de quien aprendieron esto? ¡pues de sus padres!

De los padres aprendemos a mentir y ellos nos enseñan que es malo. Y hasta nos llegan a decir “¿cuándo yo te he enseñado eso?”, y tienen toda la razón, nunca nos enseñaron eso, pero eso es lo que les aprendimos.

En lo personal, me sorprendo al escuchar la clase de mentiras que dicen los padres, muchas son muy creativas a mi modo de ver.

Reconozco que es necesario mentir algunas veces, pero nunca cuando se hace por no poder imponer la autoridad o no tener la capacidad para explicarle a un niño las razones, los niños son ignorantes, pero no idiotas, pero luego hablaré de eso.

A veces el niño no quiere meterse a la casa a dormir y los padres usan las historias clásicas: “métete a la casa porque ahí está la bruja”, “ándale para adentro porque va a venir el monstruo y te va a comer”, o “ahí viene el viejo del costal, mejor métete a la casa”.

Una de las cosas que vamos a conseguir con esto es perder la confianza del niño, porque sí viene el “viejo del costal”, bueno, pues para eso tienen a su madre, ¿no?, para que los defienda, y si la madre no puede con el “viejo del costal”, pues qué poca madre.

Además, ¿cómo queremos que el niño concilie el sueño después de oír que va a venir una bruja o un monstruo o un viejo con un costal?. Imagínese por un momento que una criatura monstruosa o un viejo malintencionado con un costal va a pasar por su casa... ¿a poco va a poder dormir? estimado lector... no lo creo.

Otra de las mentiras que no dejo de gozar, debido a su creatividad, son las que los padres dicen a sus hijos para evitar comprarles algo en alguna tienda.

Ahí les va una:

Pasa una madre y su hijo junto a un lugar en donde venden globos con helio, no son caros pero la madre no quiere comprar un globo, y punto, está en todo su derecho, y esto es lo que contesta a su hijo cuando él le dice que quiere un globo: “Nooooo, déjalo, ese es del hijo de la muchacha” y no se quedan ahí, además le preguntan a la dependiente “¿verdad que es de su hijo?” y a la pobre pues qué le queda: “sí, sí... es de mi hijo...”

Hay quien dice: “Nooo, no, déjalo, la muchacha no lo vende, mira está enojada, no lo vende”. A la madre lo que es de la madre, ¿por qué hacer que el hijo se moleste con la vendedora cuando con quien debería molestarse es con la madre?

Otra respuesta que dan es: “Deja ese, ya tienes el tuyo en el carro”. ¡Imagínese la cara del niño al pensar que en el carro le está esperando un globo!, e imagínese la cara que pone cuando descubre que no hay nada, hasta dan ganas de llorar, y el niño no se reprime.

Y mi favorita: “deja ese, ese es de la muchacha, vente, vamos por el tuyo”. Claro que el niño se emociona y camina alegremente con su madre, ¡ya van por su globo!, y nada, pobre güerco se queda con las ganas nada más.

Con todo esto se enseña a los niños a no confiar en sus padres.

Esa puede ser una de las causas que hacen que cuando los padres amenazan con castigos a sus hijos a éstos les valga totalmente la amenaza; “¡me prometiste que ibas a hacer la tarea temprano, enséñamela ya o no te dejo jugar con el Nintendo en 2 semanas!”, “¡ya la hice!”, responde el niño, “a ver, ¿dónde está la tarea?”, le replica la madre, “en el mismo lugar en donde está el globo”, le contesta el niño.

Si no cumplimos con las promesas de regalo, no esperemos que el niño crea que cumpliremos con las promesas de castigo.

Para variar, trate de explicarle al niño las razones por las que hace las cosas como si el niño fuera una persona cómo usted que puede entenderle, si no lo hace, imponga su autoridad.

Si el niño se va a molestar con alguien, que sea con usted, que sepa que no siempre va a obtener todo de las personas, como dicen, a veces se puede, a veces no, cuando hay, hay, y cuando no, pues no.

Esta es mi opinión y recomendación personal, si le parece sígala, si no, pues haga lo que le pegue su regalada gana.

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