Adicciones

Introducción

Mi trabajo es muy sencillo: los neuróticos construyen castillos en el aire, los psicóticos viven en ellos con sus cuates, y yo... yo les cobro la renta.

Tengo un paciente que se cree perro, tiene esta creencia desde que era cachorrito.

Normalmente el adicto no tiene problemas con su adicción, son los demás quienes tienen problemas con que el adicto lo sea, por eso no es fácil tratar estos casos, el adicto no reconoce que hay un problema.Esta tarde le apliqué una prueba a otro paciente, le dije “me va a decir qué puede ser esto”, el paciente dijo “veo una mujer horrible con cara de prostituta y con un vestido ridículo”, tuve que pedirle que dejara el retrato de mi esposa y se concentrara en la lámina de la prueba.

En fin, fue una tarde pesada. Cuando estaba a punto de irme me detuvo mi secretaria – Licenciado, ahí está un paciente que dice que es el hombre invisible – me dijo – pues dígale que no lo puedo ver – le contesté.

Salí de ahí y me fui directo a la casa, había prometido no entrar nunca jamás a una cantina, así que cuando pasé por una, para no tentarme pensé brincar frente a la puerta, era una puerta muy ancha y pensé que tal vez no lo lograría, tomé vuelo, brinqué, ¡y lo logré!, ¡esto había que celebrarlo!, así que entré por un trago.

Le pedí una cerveza al cantinero pero con la espuma a parte, no quería emborracharme mucho, no en lunes. El tipo a mi lado me preguntó que si veía elefantes escondidos atrás de los cacahuates, le respondí que no y me dijo “¡qué bien se esconden, verdad!”. Me cambié de lugar, para escuchar idioteces como esa mejor me hubiera ido a mi casa.

En mi casa siempre me dijeron que cuando tomara me midiera, así supe que a los 19 años alcancé mi estatura máxima, no he vuelto a crecer ni un centímetro desde entonces. Mi padre era carpintero, y mi madre se separó de él porque siempre estaba clavando fuera de la carpintería, lo que pasa es que hacía closets... por cierto que un día lo encontraron en uno.

Había una persona en la cantina que estaba en medio de 2 tipos altos, fornidos, y comenzó a insultarlos, voltio con uno y le dijo “sabes qué, yo a tu mamá me la...” y voltio con el otro y le dijo “y a la tuya también”, pensé que en ese momento se iba a armar una bronca, y entonces los tipos le dijeron “ya vámonos papá, ya estás muy tomado”. Creo que el tipo tenía alguna insuficiencia sexual, por eso aparentó que podía con 2 mujeres diferentes, aunque en la realidad eran la misma.

Cada quién tiene sus motivos para tomar, la bebida llena una parte de nuestra vida de la que carecemos, haciéndonos sentir completos, satisfechos, como la comida, hay quienes necesitan comer sesos, otros que necesitan comer huevos, y otros que les encanta el chorizo.

Yo, el arrendador de los castillos en el aire, tomo por la sencilla razón de desconocer por qué tomo... por no conocer los cimientos de mi castillo.

Empezaré por transcribir la definición de adicto que hace el autor de las copias (no tengo ni idea de quién sea):

“Adicto es el sujeto que requiere indispensablemente de una droga para lograr un determinado rendimiento psíquico.”

Ahora, seguiré con la definición de droga del mismo autor:

“Denominados droga a toda sustancia ajena al organismo, que al ser incorporada a éste produce, ya sea por su acción farmacodinámica específica, por el significado que el sujeto le atribuye, o por una combinación de ambos mecanismos, un rendimiento psicológico buscado.”

Viéndolo de esta manera, el aire podría ser una droga.

Vemos en la televisión un comercial de una madre trabajando en la casa, entonces llega la hija de unos 8 ó 9 años con su carita triste y angustiada, levanta la mirada culposa hacia su madre, y ella (su madre) le dice en un tono agresivo “¿y las cosas que te pedí?”, la niña le responde con la cabeza baja y con voz apagada “es que se me perdió el dinero, mamá”, “¿Qué?” – le responde la madre – “Eres una irresponsable, eres una estúpida” le dice al momento que se acerca a ella levantando la mano, y de repente, ¡BIP, BIP, BIP!, “Tranquilícese” - dice una voz grave - “recuerde que puede traumar a la niña para toda su mendiga vida”, y en ese momento ¡le sugieren que use el aire como droga!, “respire profundo y cuente hasta diez”, la madre respira profundo, alcanza un estado psicológico buscado, la tranquilidad y relajación, luego habla con su hija y la perdona.

¡Qué cuadro más conmovedor! Una niña estúpida y una madre drogadicta.

Todos los extremos son malos, sin embargo, no le veo lo malo a este.

“Las copias” explican clara y ampliamente el fenómeno de la adicción. Aquí me ocuparé de exponer otros factores que también contribuyen en este fenómeno y me inclinaré por la adicción al alcohol. Uno de ellos es la publicidad.

En una avenida de esta ciudad hay un anuncio panorámico imponente, el anuncio dice “Dime qué tomas, y te diré quién eres” y a lado de esta frase aparece una botella de caguama Sol que es tan grande que no se alcanza a ver la punta del envase en el anuncio, ¡y vaya que es un anuncio grande!. Creo que no me equivoco al interpretar este anuncio como si se dijera “¿Tomas caguama?, entonces eres grande” y con grande me refiero a todos los sentidos que se le pueda dar. Este tipo de anuncio te hace sentir orgulloso de tomar caguama; anteriormente se televisaba un comercial que mostraba a un grupo de personas conviviendo en una “carne asada del domingo” y compartiendo una caguama, como si fuera una Coca-Cola familiar, ahora los publicistas dejaron el concepto de la caguama como de un producto que se comparte y lo cambiaron por el de un producto para el consumo individual, sin importar que su tamaño es... grande. Como estrategia de mercadotecnia es excelente, ese anuncio panorámico le quita un poco a la caguama esa etiqueta que tiene de “solo para albañiles”, pero influye a que personas de otras clases quieran tomarla y además se sientan con una buena imagen al hacerlo.

Ahora veamos una consecuencia de esto, ¿quiénes en el mundo son más “adictos” a la imagen?, los adolescentes. Por lo tanto, ¿quiénes en el mundo son los más impactados por este tipo de anuncios?, en efecto, los adolescentes.

Y desgraciadamente ellos poseen menos recursos para controlar la bebida y ver las posibles consecuencias que tomar les puede traer. Sencillamente la omnipotencia del adolescente le impide ver los peligros de mezclar la bebida con el volante, el vaso puede romperse porque el volante es muy grande como para meterlo a la bebida para mezclarla. Otro chiste tonto, pero ... creo que si tu resistencia te impide explicarle algo a alguien, cuando menos debería hacerlo reír.

Siguiendo con el tema de la negación de las consecuencias, ahora explicaré, con la ayuda de Abraham J. Twerski (autor de “¿Acaso pedí pertenecer a esta familia?”), por qué el adulto que ha superado esta omnipotencia adolescente también hace caso omiso sobre las advertencias de los peligros de la adicción.

Para no hacernos bolas, lo transcribiré textual “... el concepto del tiempo que tiene el adicto es muy distinto del (concepto del tiempo) del no adicto. El adicto piensa en términos de segundos, minutos y a veces, horas. El “futuro”, según lo concibe la mayoría de la gente, no entra en el campo del pensamiento del adicto. Por lo tanto, cualquier cosa que pueda ocurrir en un tiempo posterior, no tiene ninguna incidencia en la conducta del adicto.”

Esta es la primera.

¿Quiénes también, son más propensos a caer en la adicción del alcohol, introvertidos o extrovertidos?

En mi opinión los introvertidos. Ya que el alcohol es un depresor y lo primero que deprime son las inhibiciones, pues es una gran ayuda para la gente introvertida que quiere socializar en una fiesta. Además, me parece que esa es la idea general, cuando alguien está muy contento, muy conversador, muy bailador, la gente piensa que anda “happy”. Mencionaré un ejemplo de esto. Mi madre tomó su primera cerveza a los 27 años, la tomó en “La Cabaña” un restaurant que está en el centro de Monterrey, la tomó acompañada de mi padre a 6 meses de casarse. Sin embargo, todos sus amigos no creían que era su primera bebida alcohólica. En las fiestas, mi madre era muy conversadora, muy risueña y muy bailadora. Todos pensaban que siempre andaba tomada.

Y esa creencia es lo que mueve a los introvertidos a tomar, con el deseo de alcanzar ese estado psicológico elevado de alegría.

Volveré a mencionar las palabras de Twerski:

“La capacidad del alcohólico de buscar justificaciones racionales para su conducta es virtualmente ilimitada.”

Menciona que un ejecutivo alcohólico no aceptaba su problema pero que finalmente aceptó someterse a una evaluación ante la insistencia de amigos y familiares. Dijo en entrevista que estaba agradecido por que tantas personas se preocuparan por él y que ahora pensaba limitar de verdad su consumo de alcohol. Twerski le dijo que aunque sus intenciones eran buenas, no era posible que lograse la abstinencia sin ayuda, y respondió que no estaba dispuesto a seguir un tratamiento por que estaba seguro de que podía dejar la bebido solo, de modo que aceptar un tratamiento “sería deshonesto”.

Ya para dejar a Twerski en paz, voy a mencionar dos cosas interesantes de su libro:

“El tratamiento de una adicción destructiva es muy semejante a extinguir un incendio destructivo. Primero hay que apagar el fuego, y sólo después de haberlo conseguido corresponde buscar su causa. Tratar de entender por qué una persona bebe antes de hacer que deje el alcohol puede ser tan inútil como tratar de descubrir qué ocasionó un incendio antes de haberlo extinguido.”

Realmente no sé qué pensar, yo creo que sería bueno descubrir la causa, por que si la causa es una fuga grande de gas, y se cierra esa tubería, sería más fácil apagar el fuego, ¿o no?

Lo dejo al criterio del lector.

También menciona y con mucha razón:

Un componente importante de la adicción es el fenómeno de la “habilitación”. Las personas que rodean al adicto posiblemente traten de ayudarlo, pero sin darse cuenta de que su ayuda podría en realidad estar fomentando la adicción.”

Anthony de Mello (Sacerdote Jesuita) nos relata un cuento en su libro “El canto del pájaro”. Voy a contarlo aquí cambiando la palabra “neurótico” por “adicto”. De alguna manera tengo que recuperar lo que he perdido... así que, no le hagan mucho caso, es consecuencia de la primera...

Durante años fui un adicto. Era un ser angustiado, deprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo adicto que yo era.

Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no acababa de conseguirlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo adicto que yo era. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara.

Y también con él estaba de acuerdo y no podía sentirme ofendido con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día me dijo: “No cambies. Sigue siendo tal como eres. En realidad no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como música: “No cambies. No cambies. No cambies... Te quiero...”

Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo.

Y, ¡oh maravilla!, cambié.

Bibliografía

“Las Copias”

Capítulo IV. Alcoholismo y drogadicción

El Canto del Pájaro

Anthony de Mello, s.j.

Editorial Sal Terrae

20ª edición

Febrero 1993

¿Acaso pedí pertenecer a esta familia?

Abraham J. Twerski

Editorial Piados

1ª edición

1994

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